META - ESPAÑOL - 20 de Septiembre 1999
El boletín del traductor espiritual
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EN EL META DE HOY
1. LA LENTA AGONIA DEL MODO SUBJUNTIVO
2. LOS DERECHOS DE LOS TRADUCTORES
3. GARCIA DE LA CONCHA: "EL ANGLICISMO ES UNA INJURIA AL ESPAÑOL"
4. CHISTES
5. UN POCO DE ESPIRITUALIDAD
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1. LA LENTA AGONIA DEL MODO SUBJUNTIVO
En varias oportunidades recientes, leyendo libros o artículos, he tropezado con autores que, como los ecologistas de la lengua, alertan sobre la creciente desaparición del subjuntivo. En los diarios, en las conversaciones, en la radio o la televisión, se habla o escribe ya sustituyendo el subjuntivo por el presente de indicativo o, cuando no, en las frases de condicional, empleando el subjuntivo en lugar del pretérito imperfecto.
Curiosamente, no es sólo un fenómeno español. En francés, por ejemplo, han dejado de emplearse corrientemente verbos tan evocadores como los que terminan en eussent o assent. Quienes pretenden hablar francés usándolos, pasan ahora por extravagantes. Pero en italiano sucede prácticamente lo mismo. Tampoco se utilizan cuando se debería expresiones como "se io andasse". Finalmente, en cuanto al inglés, el subjuntivo ha dejado de existir entre los inmigrantes y los más jóvenes.
A los muchachos españoles que hablan castellano les resulta igualmente difícil, por lo que se ve, expresarse diciendo "estaremos allí cuando ella venga" y dicen: "Estaremos allí cuando ella viene". De la misma manera, a menudo, no se usa la forma "si me tocara la lotería me compraría un piso", sino "si me tocaba la lotería me compraría un piso". El subjuntivo va hundiéndose como un pez enfermo bajo la superficie del idioma. Pero ¿tan grave resulta la pérdida del subjuntivo?, le preguntaron a Umberto Eco para el libro titulado significativamente "El fin de los tiempos". Y Eco contestó: "Me parece muy importante el subjuntivo porque él es el único que expresa el tiempo de la hipótesis y de lo posible, de lo no-real". El subjuntivo es, en efecto, el tiempo que crea en el habla y la escritura la escena cóncava de la suposición.
Gracias al subjuntivo se añade una trasrealidad como el forro de raso a un vestido de noche o, en suma, como la dimensión donde se desdobla el soñado cuerpo del lenguaje. La última novela de Juan José Millás, "El orden alfabético", está obsesivamente centrada en el extravío de palabras y formas. Y con la experiencia de su lectura se siente el pavor de la mutilación. El pavor a la disgregación suave del cerebro y del espíritu por el continuado desmedro del habla.
Por VICENTE VERDÚ, El País
2. LOS DERECHOS DE LOS TRADUCTORES
En un artículo reciente, hablé del derecho moral de los traductores a la mención de su nombre cuando se citan palabras traducidas por ellos. No hacerlo así es tan censurable como reproducir un pasaje escrito en nuestra propia lengua poniéndolo entre comillas pero callando el nombre de su autor.
Otro derecho de los traductores es que, cuando se reseñan obras traducidas, se preste atención no sólo a su contenido, sino también a la calidad de la traducción. Del contenido de la obra sólo es responsable el autor. Pero el mérito o demérito de su expresión en la nueva lengua corresponde sobre todo al traductor. Claro está que para poder opinar sobre esto sería preciso comparar el texto de la obra original con el de su versión, lo cual, habitualmente, no está al alcance de los críticos.
La traducción no suele atraer la mirada de los críticos literarios. No suelen estos considerar hasta qué punto depende del traductor el éxito o el fracaso de la obra original. Sin embargo, la calidad de la traducción es de importancia vital para la obra traducida.
Pero no me interesa ahora ampliar mi exposición anterior sobre los derechos morales de los traductores, sino exponer algunas ideas sobre sus derechos económicos, es decir, sobre la remuneración de su trabajo.
En una conferencia que hace ya más de treinta años, el 26 de abril de 1968, di en el Hoger Instituut voor Vertalers en Tolken de Rijksuni versitair Centrum de Amberes, hablé sobre las relaciones entre editores y traductores. Sostuve allí, y sigo pensando, que el traductor no está con el editor que le encarga o acepta su trabajo en relación de simple dependencia, sino de dependencia mutua o interdependencia. Sin el traductor, el editor sólo podría ofrecer a sus clientes obras escritas en la lengua de éstos; se asemejaría a un promotor turístico que limitase sus servicios al territorio de su provincia.
No me propongo ahora exponer qué es lo que un buen editor puede esperar y hasta exigir de un traductor. Me interesa poner de manifiesto qué es lo que un traductor -un buen traductor, se entiende- tiene derecho a esperar de su editor. Son, fundamentalmente, dos cosas: en primer lugar, la consideración debida a quien profesa con decoro un arte noble y difícil y, como secuela natural de esa consideración y estima, una remuneración digna de su trabajo.
En España, lamentablemente, no suele concederse gran aprecio al arte de traducir. Hay, es cierto, gratas excepciones. Pero la regla suele ser la indiferencia frente a la traducción bien hecha. Ya Menéndez Pelayo lamentaba esta situación española, comparándola con lo que sucede en otras partes. "Yo sé -escribió en sus Estudios y Discursos de Crítica histórica y literaria: Don José Alealá Galiano, Poemas de Lord Byron, V. pág. 376- que en España este trabajo no logra estimación ni aplauso; pero sé también que en otros países no acontece lo propio. Sé que Leopardi y Foscolo han dejado quizá mayor número de versos traducidos que de versos originales; sé que Monti debe la mayor parte de su fama de poeta a su traducción de la Ilíada (más hermosa que fiel) y sé, por último, que este mismo Byron, de quien venimos tratando, no tuvo a menos ejercitarse con repetición y ahínco en este género de tareas". El poco aprecio de la traducción es antiguo entre nosotros. Ya Cervantes hizo decir al Ingenioso Hidalgo, referiéndose a la traducción del italiano, que "el traducir de lenguas fáciles no arguye ingenio ni elocución". Y, más próximo a nosotros, en su célebre ensayo "Miseria y esplendor de la traducción" sin limitar su juicio a las "lenguas fáciles", afirma Ortega que "la traducción es una modesta ocupación (...) en el orden intelectual no cabe faena más humilde".
Es cierto que ni Cervantes ni Ortega expresan como propias estas opiniones, sino que las atribuyen a sus personajes. Pero las comparten muchos compatriotas de ambos escritores. En general, logra entre nosotros más prestigio quien escribe de manera mediocre o incluso mal un libro propio -aunque a veces sólo tenga de propio el disfraz de las ideas ajenas o la ocultación de sus fuentes que quien traduce bien y hasta con maestría un libro ajeno.
Sin llegar a tales extremos, es frecuente que también los editores subestimen el mérito de una traducción bien hecha. Error notable, pues de la calidad de la traducción depende en gran medida el éxito de las obras procedentes de una lengua ajena. ¿Como puede un editor manifestar su aprecio al buen traductor? Ante todo, con el elogio (verbal, y, si procede, también escrito) de la labor bien hecha. La alabanza del editor será para el traductor no sólo una compensación moral de su trabajo, sino también estímulo para nuevos esfuerzos. El buen traductor es un artista de la palabra escrita, y todo artista, aunque intente disimularlo, es sensible al elogio. Estrechamente vinculada a la manifestación de aprecio por parte del editor está sua generosidad en la remuneración de la labor traductora.
Son varios los factores que pueden limitar la esplendidez del editor, suponiendo que la tenga.
En primer lugar está el hecho de que muchas traducciones requieren la intervención de un revisor antes de publicarse. Esto ocasiona gastos que, en justicia, deberían cargarse a los traductores que los originan. Para evitar los disgustos y discusiones que tal solución produciría, el editor preferirá rebajar la tarifa general de las traducciones a fin de pagar a los correctores con la diferencia entre lo que es y lo que debiera ser la remuneración de los traductores.
Pero el factor que más limita la posibilidad de pagar satisfactoriamente a los buenos traductores es la cuantía de los derechos habitualmente exigidos por los propietarios de las obras originales. Estos derechos suelen oscilar entre el 6 por ciento y el 8 por ciento del precio de cubierta para los primeros miles de ejemplares vendidos, con el anticipo de una candidad fija al firmarse el contrato, y el 10 por ciento para los millares siguientes.
Teniendo en cuenta que a los autores de obras escritas en español suele pagárseles el 10 por ciento del precio de venta, al editor le queda, para pagar una traducción, entre un 4 por ciento y un 2 por ciento en los primeros millares, y el 0 por ciento en los millares siguientes.
No es remuneración satisfactoria la que el buen traductor suele recibir por la primera edición de la obra traducida. Y es injusto que, si se hacen de ella nuevas ediciones, no participe del éxito que en gran parte se le debe.
En mi conferencia de Amberes propuse una fórmula que sigue pareciéndome viable y equitativa. Los autores y editores de las obras originales deberían limitar al 7 por ciento, para todos los ejemplares, sus exigencias de derechos sobre las obras traducidas. Y el traductor recibiría el 3 por ciento del precio de cada ejemplar vendido, no sólo de la primera edición sino también de las ediciones siguientes. Así, los editores de obras traducidas, sin pagar por ellas más derechos que por las obras originales, retribuirían mejor al traductor, que permanecería vinculado al éxito de su trabajo.
Una mejor remuneración de los traductores acrescentará su prestigio; y hará que se incorporen a su profesión personas bien dotadas, que, si no, buscarán para su actividad otros horizontes.
Por eso los traductores deben exigir, individual y corporativamente, la digna remuneración de su trabajo. Pero han de tener presente que la reclamación de derechos tiene que apoyarse en el cumplimiento de deberes. Y los deberes de un traductor se resumen en traducir siempre lo mejor posible.
Valentín García Yebra, de la Real Academia
3. GARCIA DE LA CONCHA: "EL ANGLICISMO ES UNA INJURIA AL ESPAÑOL"
Tzu-lu preguntó a Confucio: "Maestro, si el duque de Wei te llamara para gobernar su reino, ¿cuál sería la medida que tomarías?". Y Confucio le respondió: "Cambiar el lenguaje del pueblo". Esta cita del libro XIII de los Anales es un apunte de la docena que utilizó Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, para elogiar el román paladino en la inauguración de los cursos de verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial. García de la Concha alertó, además, sobre el excesivo uso de anglicismos.
El director de la Real Academia recordó que la historia de Europa, y también la de España, en el siglo XX indica bastante todo lo que se puede hacer bien y mal en este sentido. Lo explicó con varios ejemplos. "Hace un siglo, cuando los hombres del 98 estaban preocupados por el problema de España, ¿qué hicieron? Preocuparse por el lenguaje. ¿Qué hizo Ortega en el programa de renovación? Convocar a lo que él llamaba la aristocracia en la plazuela. ¿En qué consistió la gran renovación de la poesía de los años veinte? En leer la tradición como vanguardia; en definitiva, una renovación lingüística".
Pero, a pesar de su defensa del román paladino, el lingüista recordó que no todo es popular en la literatura española, que también "ha sufrido la tentación del preciosismo". Sin embargo, al hablar de la actualidad, García de la Concha destacó con exaltación: "La jerigonza, hoy, se viste de anglicismo". Dijo el director de la Real Academia que al hacer esta afirmación no hay que ignorar que el inglés, desde el siglo XVI, ha venido conquistando el estatuto de lengua franca para la técnica, para la ciencia, para la industria, para el comercio, y afirmó que deben ser bienvenidas aquellas palabras que no existen en español o que puedan ser adaptadas, si la fonética lo permite.
Sin embargo, García de la Concha resaltó: "De ello a esa actitud de tantos ejecutivos actuales que son incapaces de hilvanar una frase sin empedrarla de anglicismos por todas partes va un trecho enorme", el trecho que va de ser "lo que Cervantes decía que tenía que ser un discreto hablante, a un snob, que es un acrónimo formado por la abreviatura de sine nob; sine nobilitate: sin nobleza". Las dos injurias que padece hoy el español, según el lingüista, son: "Por arriba, ese aluvión de anglicismos innecesarios, y, por abajo, el empobrecimiento del habla del pueblo, de las clases juveniles y de tantas capas de la sociedad".
El director de la Real Academia insistió en que el español nace como lengua viva del pueblo y que ese carácter va a conservarlo a lo largo de toda la literatura. "Sirve para que puedan entenderse las gentes que van poblando las villas. Este carácter útil lo conserva el castellano hecho español a lo largo de toda la literatura, en el Libro del Buen Amor o en La Celestina".
Mencionó también el caso de Teresa de Jesús: "Es más claro todavía, porque logra hablar con toda la cultura europea a base de hablar en román paladino. Ella dice que no sabe lo que es el alma, o la mente, o el espíritu; 'lo que quiero decir es que siento el alma', y empieza a explicarse en román paladino".
Lo que hace que una colectividad deje de ser tal y se convierta en pueblo, concluyó García de la Concha, es precisamente esa lengua común; por eso Confucio atinaba muy bien cuando decía: "Si me llaman a gobernar, lo primero que haré será cambiar la lengua del pueblo, cambiarla en el sentido de enriquecerla".
Además de las actividades de la Universidad Complutense en El Escorial, también ayer comenzaron los cursos de verano en Soria, Salamanca y A Coruña.
SUSANA PÉREZ DE PABLOS, El País, San Lorenzo de El Escorial
3. CHISTES
El Sadismo de un genio
Aquel hombre halló una lámpara mágica, pero tuvo la mala suerte de que era la que tenía el genio sádico. De modo que, cuando la frotó, se le apareció el susodicho genio y le dijo:
Te concederé tres deseos, como es usual, pero con una condición: que tu peor enemigo recibirá el doble de lo que tu pidas.
Como primer deseo-dijo el hombre tras pensarlo muy bien- querría tener a doce mujeres estupendas a mi completa disposición, siempre que me venga el ansia sexual.
-Concedido- le dice el genio-, pero el tiene desde ahora veinticuatro.
-Como segundo deseo quería que mi miembro miediera 10 centimetros más.
-Concedido- y él ahora es un superdotado.
Y, como tercer deseo- dice el hombre con cara triunfante-:;
¡Quiero perder uno de mis tres testiculos!
Chistes Cortos VI
Marilú llega corriendo a casa y dice a su madre : -mamá, mamá, ¡Alfredito me besó! -
¿De veras? Pregunta la mamá
De veras, mamá. Tres compañeritos de la clase me ayudaron a detenerlo.
En Hollywood, al tramitarse el divorcio de una artista famosa : ¿cuánto tiempo ha estado Ud. Casada? - La última vez, ¿o todas juntas?
Desde que enviudé siempre hago lo mismo. Me rompo un plato todos los días en la cabeza y me parece que ella está aún en la casa.
Ayer la vecina me ha dicho que te pareces a una bruja - - ¿y tú que le contestaste? Te defendí, claro. Le dije que uno no debe juzgar a las personas sólo por su aspecto.
Novios
Había ennoviado hacía muy poco, y luego de pensarlo muy bien, decidió que un par de guantes era muy buen regalo, sería un poco romántico sin ser muy personal. La hermana de la novia lo acompañó al almacén a escogerlos. Compró unos guantes blancos. La hermana aprovechó que estaba en el centro comercial y decidió comprar unos calzones que le hacían falta. Cuando llegó la hora de envolver el regalo, la vendedora se equivocó y envolvió los calzones en vez de los guantes. Sin revisar el contenido del paquete, el joven envió el regalo a su novia con la siguiente nota:
Mi amor......
Escogí estos porque he notado que no usas nada cuando salimos por la noche; si no hubiera sido por tu hermana hubiera escogido los largos con botones, pero ella se probó estos cortos que son más fáciles de quitar.
Quería escoger una tonalidad más delicada, pero la vendedora me mostró los que ella usa; no se los había cambiado en tres semanas y no se le nota para nada la mugre. Le pedí a la vendedora que se probara estosque compré para tí y en verdad se veían muy bien. Quisiera estar contigo para ponértelos por primera vez; no tengo duda que otras manos los tocarán antes de te que vuelva a ver. Cuando te los quites, recuerda soplarlos antes de guardarlos pues es natural que cojan un poquito de humedad. Pienso nomás, cuántas veces los voy a besar durante los próximos meses; espero que los uses para mí, el próximo viernes por la noche.
Recibe todo mi amor
P.D La última moda es usarlos doblándolos un poquito hacia abajo para que se vea el peluche.
Tu novio, que te quiere......
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4. UN POCO DE ESPIRITUALIDAD (sin accentos)
¿Cual es el dia mas bello?
Hoy
¿Cual es la cosa mas facil?
Equivocarse
¿Cual es el obstaculo mas grande?
El miedo
¿Cual es el mayor error?
Abandonarse
¿Cual es la raiz de todos los males?
El egoismo
¿Cual es la distraccion mas bella?
El trabajo
¿Cual es la peor derrota?
El desaliento
¿ Quienes son los mejores profesores?
Los ninos
¿Cual es la primera necesidad?
Comunicarse
¿Que es lo que hace mas feliz?
Ser util a los demas
¿Cual es el misterio mas grande?
La muerte
¿Cual es la persona mas peligrosa?
La mentirosa
¿Cual es el sentimiento mas ruinoso?
El rencor
¿Cual es el regalo mas bello?
El perdon
¿Cual es la cosa mas imprescindible?
El hogar
¿Cual es la ruta mas rapida?
El camino recto
¿Cual es la sensacion mas grata?
La paz interior
?Cual es el resguardo mas eficaz?
El optimismo
?Cual es la mejor satisfaccion?
El deber cumplido
¿Cual es la fuerza mas potente del mundo?
La fe
¿Quienes son las personas mas necesarias?
Los padres
¿Cual es la cosa mas bella de todas?
El amor
Madre Teresa De Calcuta